
Los insectos saben sacarle jugo al blanco y el negro. Ejemplo de ello es el escarabajo Cyphochilus, que puede lucir el blanco más blánco del reino animal. Además se necesita de un microscopio electrónico para ver el patrón de estructuras que dispersan la luz sobre el escarabajo. Su blancura no se debe al pigmento por sí solo, sino al modo en que su estrutura corporal maneja la luz. Lo que nosotros vemos como blanco es el espectro de color dispersado al azar. Los huecos y columnas repartidos aleatoriamente por las ultradelgadas escamas del escarabajo dispersan la luz con eficacia. El resultado es un camuflaje perfecto sobre un hongo blanco que suele frecuentar.

En el otro extremo están las mariposas ultranegras como Ornithoptera priamus. De nuevo, la estructura es la clave. Las escamas aplanadas de sus alas absorven más luz que una superficie lisa, por lo que el pigmento negro parece más negro. Este tono ayuda a regular el calor corporal y resalta los otros colores del ala en los rituales de apareamiento. Los ingenieros ya utilizan microtexturas para realzar tonos en pinturas y plásticos. Al imitar los motivos de los insectos, esperan desarrollar células solares muy negras (para absorver más rayos) y un revestimiento irregular que hará que la dentadura brille.












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